Fluye por dentro: posturas de yoga para mejorar la digestión

Tema elegido: Posturas de yoga para mejorar la digestión. Explora una práctica amable, efectiva y accesible que masajea tus órganos internos, calma el sistema nervioso y acompaña cada comida con conciencia. Suscríbete para recibir secuencias semanales y comparte tus sensaciones digestivas con nuestra comunidad.

Respiración consciente: la base de una digestión serena

Respiración diafragmática (Dirgha Pranayama)

Inhala llevando el aire hacia costillas bajas y vientre, expandiendo suavemente como un paraguas. Exhala larga y continua, soltando hombros y mandíbula. Este patrón estimula el nervio vago, relaja el peristaltismo y prepara al estómago para trabajar sin tensión.

Cuándo practicar para el estómago

Practica en ayunas o tras comidas muy ligeras, dejando al menos dos horas después de platos pesados. Comienza sentado, columna alta, manos sobre el abdomen. Observa cómo cada exhalación alivia la presión interna y crea espacio para digerir mejor.

Señales de progreso digestivo

Busca señales sutiles: menos hinchazón vespertina, eructos reducidos, tránsito más regular y apetito equilibrado. Si mantienes un registro semanal, notarás cómo cinco minutos diarios de respiración cambian tu relación con la comida y el descanso.

Torsiones que masajean: gira, exprime, libera

Eleva la columna desde la pelvis y rota desde el ombligo hacia las costillas, evitando empujar el cuello. Apoya la mano trasera como un trípode y abraza la rodilla para acercar muslo y abdomen. Siente el masaje en el colon ascendente y descendente.

Torsiones que masajean: gira, exprime, libera

Acostado, lleva rodillas al pecho y déjalas caer a un lado, con brazos en cruz. Respira profundo hacia el costado superior, ablandando el vientre. Esta versión en el suelo reduce la tensión lumbar y facilita un descanso reparador tras cenas tardías.

Caderas y psoas: abrir espacio para el tránsito

Desde la estocada baja, desplaza el pubis hacia adelante sin colapsar la cintura. Eleva el esternón y respira en costillas inferiores. La apertura frontal reduce hipertonía del psoas, mejora la mecánica diafragmática y, con ello, la comunicación calmante intestino–cerebro.

Caderas y psoas: abrir espacio para el tránsito

Junta plantas de los pies y deja que las rodillas caigan hacia los lados. Coloca manos sobre el bajo vientre y dirige la inhalación allí. La sensación de expansión suave facilita la movilidad intestinal y alivia la presión pélvica acumulada por horas sentado.

Caderas y psoas: abrir espacio para el tránsito

Un minuto de gato–vaca, dos respirando en estocada baja, un minuto en mariposa y otro de torsión supina. Esta mini rutina reinicia tu sistema, sin exigir esfuerzo. Agrégala tras pasear y cuéntanos si notas un alivio real en la pesadez abdominal.

Caderas y psoas: abrir espacio para el tránsito

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Restaurativas que activan el nervio vago

Recuéstate con un bolster desde la pelvis hasta la cabeza, sujeta muslos con cinturón y apoya rodillas en bloques. Permite que el vientre se ablande tridimensionalmente. A los diez minutos, la respiración se vuelve silenciosa y el abdomen responde con una calma profunda.

Restaurativas que activan el nervio vago

Piernas arriba en la pared, caderas ligeramente elevadas. Ideal tras vuelos o largos traslados, cuando el sistema linfático y la digestión se ralentizan. Mantén de cinco a doce minutos, enfocando exhalaciones largas. Notarás ligereza en pies, pelvis y zona intestinal.

Hábitos yoguis a la mesa: comer con atención plena

Detente un minuto, siéntate erguido, exhala por la boca y agradece silenciosamente. Tres respiraciones nasales profundas reducen el tono simpático. Desde ahí, masticas más lento, comes menos y el estómago recibe un trabajo razonable, no una montaña de pendientes.

Hábitos yoguis a la mesa: comer con atención plena

Mastica hasta que la textura sea casi líquida, respira por la nariz y baja los cubiertos entre bocados. Ese compás permite al estómago iniciar procesos con orden. Lo simple, repetido, crea cambios reales en hinchazón, acidez y energía posprandial.

Historias reales: pequeñas victorias del vientre

Laura padecía acidez matinal. Probó tres minutos de torsión supina y diez respiraciones diafragmáticas antes del primer sorbo. En dos semanas, el ardor disminuyó notablemente y sus mañanas se volvieron livianas. Ella insiste: constancia suave, no intensidad esporádica.

Historias reales: pequeñas victorias del vientre

Miguel cenaba tarde por trabajo. Incorporó respiración 4–6 en el autobús: cuatro tiempos para inhalar, seis para exhalar. Llegaba a casa con el sistema más tranquilo; menos atracones, mejor sueño y una digestión que ya no pedía ayuda desesperada.
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